Historias para aprender español

Carolina, su cama y su armario

La cama: Armario, cierra tus puertas, que no quiero ver lo que guardas dentro de ti.

El armario: ¡Está bien, está bien! En realidad, Carolina tendría que cerrar mis puertas antes de irse, pero siempre se olvida.

La cama: ¡A mí me lo vas a contar! Mira cómo me deja a mí, con las sábanas y la manta desordenadas. Y esa colcha tan bonita… ahí está, mal doblada sobre la silla en vez de estar cubriéndome a mí.

El armario: Sí, hay que reconocer que Carolina es muy desordenada.

La cama: ¿Viste cómo lloraba anoche? Me ha dejado empapada.

El armario: Parece que tiene mal de amores. Ese chico, Roberto, la está volviendo loca.

La cama: ¡Qué va! Si de Roberto ya ni se acuerda. Nada de mal de amores, lo que le pasa es que su madre le ha reñido porque ni estudia ni trabaja, solo se dedica a salir de juerga y a cambiar de novio cada semana.

El armario: Es una chica moderna.

La cama: ¡Esta juventud! Cuando su madre se dormía en mis brazos, perdón, en mis patas, nunca lloraba. Además, siempre me dejaba muy recogida y con la colcha cubriéndome.

El armario: Esos eran otros tiempos.

La cama: ¡Silencio! Parece que Carolina va a entrar, pero hay muchas voces ahí fuera, algo está pasando.

Entran en la habitación Carolina y también dos policías. Carolina recoge algo de ropa, la pone en una bolsa y sale de la habitación con los policías.

Carolina nunca más vuelve a su habitación. La cama y el armario no lo saben, pero Carolina es una traficante de drogas. La policía la ha detenido. Pasa varios meses en la cárcel y, allí, un día otra reclusa le clava un cuchillo y la mata. Carolina nunca vuelve a su cama y, lo que es casi peor, nunca más vuelve a abrir las puertas de su armario.

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